Nunca veremos.
Nunca veremos el fantasma de nuestro padre caminar entre los vivos.
Nunca veremos a la iglesia comer migas de la mano de los ateos.
Nunca veremos una fiesta entre palestinos e isralíes.
Nunca veremos a los pobres comer en mesas con cubiertos de plata.
Nunca veremos un ovni ocupando el cielo entero aterrizando en Nazca.
Nunca veremos a los jóvenes darle el asiento a los viejos.
Nunca veremos autos voladores.
Nunca veremos al cielo abrirse y a Dios Padre mirar a sus hijos.
Nunca veremos un recital de los Beatles o de The Clash o de ELO o de Queen. Oh, no.
Nunca veremos la llegada de Jesucristo.
Nunca veremos a Scarlett trayéndonos desayuno.
Nunca veremos a un rico entrando por la cabeza de una aguja o al reino de los cielos.
Nunca veremos a los miedosos saltar la cuerda o subiendo un árbol.
Nunca veremos la coronación de Nietzsche en la Plaza de San Pedro.
Nunca veremos a la amargada siendo feliz.
Nunca veremos el desarme mundial.
Nunca veremos al monstruo de Loch Ness asomando el cuello, al Caleuche entre la niebla o un chupacabras secando a una vaca.
Nunca veremos a las walkirias bajando desde un arcoíris.
Nunca veremos como crece una cordillera o un alerce.
Nunca veremos a un pudú langüetearle la mano a un cazador.
Nunca veremos a un perro amante de los autos.
Nunca veremos a un banco perdonando a un endeudado sin trabajo.
Nunca veremos esos ojos a un centímetro de nuestros ojos.
Pero vimos las redes sociales.
Y no es poco.
Créeme. De verdad, no es poco.

















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Y yo, que hace tres semanas me he declarado creyente casi como una revelación, me quedo mudo con las palabras que pillo por acá (y que tampoco es poco oiga, me cuesta quedarme callado).
Bien por esto, no dejes de escribir. Escribir salva, sabías?